El niño y la luna

El niño lunar
trabaja
más de lo que puede
todo el día, de veras que lo puede.
Y después de todo el día aún huele a su piel
y tiene un encanto de luna,
no puedo explicarlo.

Vistas de costado,
es decir, bien vistas
arquea mirada en sus pestañas
el firmamento
su arco de acuarela,
y no quiero contarlo.

El niño
de piel perfumada
lunar el de de su pierna
– bien visto-
por si me pierdo,
hasta encontrarlo.

Lunar el niño
en voz
y en puños sobre la mesa
se le enjoroba la furia
o se le planta de pie,
y yo prefiero callarlo.

Fue una vez
su camisa a cuadros,
el encuentro
verde lunar
la madrugada
-encanto de acuarela-
y su olor a piel
fragancia en mil frasquitos por encantar,
el niño, tan lunar.

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