Noventa y siete

La abuela es fuerte. A veces me cuesta escribirla, me duele escribirla, tal vez, no se. La abuela se aferra a su cama, a sus gatas Lupe y Emi, las que quedaron después de tantos. La abuela a veces tiene bronca pero es fuerte y a veces se olvida de todo lo que pasa alrededor cuando mira las aventuras de El Zorro o cuando me pide le acerque la planta que le regalé cuando todavía era ella quien la regaba y me dice qué linda que está. La abuela piensa en lo que no puede, en lo que pudo, en lo que no va a poder. La abuela fue joven, hermosa, creativa, fue una artista, una mujer con dolor, fue la profesora de música más querida de Villa del Parque, una señora fuerte, sin miedos. La abuela sobrevivió. Fue una madre sola y luchadora y después nos cuidó más que a ella misma, y nos cocinó y nos preparó albóndigas y helado de frutilla y pensó en nosotras mil noches y nos llevó a los cumpleaños y a inglés particular y fue a las reuniones del colegio porque mamá tenía que trabajar . Y todos los días de su vida nos amó a su modo, sin tanta palabra de afecto pero con el gesto sagrado de pensar en lo mejor para las cuatro y supo siempre que las cuatro fuimos y somos casi un mismo cuerpo. La abuela me enseñó más de lo que ella piensa. No me enseñó a tocar el piano porque no tuvimos paciencia pero sí a querer a las libélulas, a no tener faltas de ortografía, a valorar lo pequeño, a pasarle un algodón húmedo a las hojas de las plantas interiores, a buscar en el diccionario, a encontrar sinónimos y también me enseñó a hacer ñoquis de papa y saber que más que el decir es el hacer y me enseñó eso de que cuando no puedas correr, trotá; cuando no puedas trotar, caminá; cuando no puedas caminar, andá más lento, pero nunca nunca te detengas. La abuela nació hace (hoy) noventaysiete y cómo le cuesta. Ella sabe de la vida más de lo que no dice y escribe las letras del abecedario en la libreta para no olvidarse de nombrar. También escribe su nombre en todos los renglones, Juana Elena Scanavino, Juana Elena Scanavino y así. La abuela duerme mucho y sueña seguido y a veces se levanta y canta do re mi fa sol la si y de repente se da cuenta de que está en su cama, otra vez, como todos lo días, y mueve los dedos y llama a la gata para que se acomode sobre su corazón, que late, que sigue latiendo, que pesa. La abuela es el centro de nuestra familia, ay, si ella supiera todo lo que nos pasa, que el miedo nos acelera, que somos más frágiles de lo que creemos. La abuela se ríe sólo cuando ve al Mumi que es pura vida y que la abraza y que la besa y que la muerde cuando se le pone encima y la lastima de amor; la abuela cambia la cara cuando lo ve, se olvida de su cama, del tiempo, de sus huesos débiles, de lo malo de la vida detrás de su puerta. A veces quisiera cambiar sus modos, quisiera su calma, la que nunca tuvo, quisiera matar todas sus manías. Pero ella es toda así, frontal, peleadora, nerviosa, vieja loca, ella es sana, pura. La abuela vive, es nuestra. La abuela me duele, me moviliza. La abuela es fuerte y la celebro. Celebro su vida, que es todo lo que quiero para ella, su salud, su bienestar. Celebro su tiempo, su sabiduría. Celebro sus noventaysiete, que son muchos, son muchísimos. Celebro que hoy pidió sus tres deseos junto a nosotras y me muero por saber cuáles habrán sido. Yo deseo que sus 97 los cumpla muy fuerte y que se cumplan sus deseos siempre, siempre, porque la amo y porque siempre le voy a estar agradecida.

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