La lista del súper (amor)

Suena el teléfono en la oficina. Atiendo y es la abuela que llama para decirle a mamá lo que debe comprarle en el súper. Hace ya muchos años que la abuela no sale de su casa pero ella es feliz en su mundo.
Yo te tomo el pedido, abu, le dije. Tomá nota, me dice, con su voz de tener la libretita en la mano y la memoria bien fresca:

-Bizcochitos de grasa Don Satur (para convidarle a Caro, que la ayuda los sábados con la limpieza).
-Anillos de Terrabusi (para convidarnos a nosotras, sabe que son los nos gustan).
-Galletitas Granix sin sal (y sí, es hipertensa, no se puede evitar a los 94).
-1/2 docena de huevos (de los cuales comerá sólo las claras, lo sé, porque la yema le cae mal).
-Vino Toro en caja (me dijo que no pide botella porque le cuesta mucho sacar el corcho y al cartón es más fácil abrirlo).
-Atún (la cena para Lupe y Emi, sus gatas más preferidas)
-2 sobrecitos whiskas (para Linda, la gata que pasa por su casa solo a comer)
-1/2 kg de banana (estimo, para evitar los calambres).

A veces me pregunto cómo será no tener contacto con el exterior, pero la abuela me hace creer que tal vez no haga falta, que lo más lindo está adentro y que el amor a veces puede tener la forma de la lista del super. La poesía está en todos lados y hace un rato se hizo cuerpo en mi teléfono.

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Praga

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I

Sueño República Checa
a tu mano
veo el castillo
unicornios a tu galope.
No sé si vuelvo
o me esfumo
congelada.

(Allá en la ventana tus guantes queman).

Checa
sólo me huele
a cenizas
armaduras
ladrillos de
plomo.

(En tus guantes veo nacer la muralla).

II

Praga
sueña
la soberanía de tu corona.

Allí no hay lugar para
el viento
que me rodea.

Melodía de otoño

Mi ventana gris
y el árbol de enfrente.

Junio es un puñado de vacíos
que canta tu nombre
todas las mañanas.

Susurra el otoño
con la esperanza tibia
de encontrar tu hueco
para calmar el paisaje
de todos los árboles
grises
de tanto crujir.

Las hojas de abril
llueven en mi ventana
gris
pero la calma se hace canción
siempre tu nombre
siempre en otoño.

El niño y la luna

El niño lunar
trabaja
más de lo que puede
todo el día, de veras que lo puede.
Y después de todo el día aún huele a su piel
y tiene un encanto de luna,
no puedo explicarlo.

Vistas de costado,
es decir, bien vistas
arquea mirada en sus pestañas
el firmamento
su arco de acuarela,
y no quiero contarlo.

El niño
de piel perfumada
lunar el de de su pierna
– bien visto-
por si me pierdo,
hasta encontrarlo.

Lunar el niño
en voz
y en puños sobre la mesa
se le enjoroba la furia
o se le planta de pie,
y yo prefiero callarlo.

Fue una vez
su camisa a cuadros,
el encuentro
verde lunar
la madrugada
-encanto de acuarela-
y su olor a piel
fragancia en mil frasquitos por encantar,
el niño, tan lunar.

Los dientes de mi perro

Los dientes de mi perro son más filosos
que vecinas solteronas en las fiestas
de otras envidiosas mientras muer den.

Los dientes de mi perro
desean un   niño encantado
en navidad
entre paquetes de regalos
sin olvido.

Los dientes de mi perro
pueden carne
piden huesos
tientan al olfato
devorados de baba
y ocultos de furia.

Los dientes de mi perro
sencillos como
plata encerada
y tan robustos
como cobre encendido.

Los dientes de mi perro
navajas enceradas
teclas musicales
espinas
claveles
mi perro
y sus dientes
teclas despintadas
la rabia
se congela
en
pe
da
ci
tos
de
al
fi
l
e
r